Relaciones laborales 2014: Caída del salario real en uno de los años más conflictivos de la década

La huelga general del 31 de marzo constituyó una muestra contundente de la capacidad de acción y resistencia del conjunto de los trabajadores.salario baja
Esta medida, la cuarta de este tipo en menos de tres años, se da en un contexto de alza de la conflictividad laboral. En otras palabras, se nutre de los miles de conflictos descentralizados que han venido llevando adelante los trabajadores a lo largo de todo el país, a la vez que los potencia de cara a los desafíos que están planteados para el corto y el mediano plazo.

Este crecimiento de la conflictividad laboral constituye uno de los datos distintivos del Informe Anual 2014 del Observatorio del Derecho Social de la Central de Trabajadores de la Argentina, junto con la consolidación de la negociación colectiva como herramienta de acción sindical y el deterioro del mercado de trabajo, tanto a través de la caída del salario real como de la pérdida de puestos de trabajo.

El deterioro de los ingresos de los trabajadores durante el año 2014 fue el más importante desde el año 2002, ya que si bien los incrementos nominales de los salarios fueron los más elevados desde el año 1991, aun así no alcanzaron para compensar la inflación que se ubicó en torno al 38% anual. Esta caída fue del 5,5% en el caso de los trabajadores registrados del sector privado, y del 3,1% en los trabajadores del sector público.

Este deterioro es más grave aún si se analiza el poder de compra efectivo del salario de los trabajadores. En efecto, el promedio salarial de los trabajadores registrados del sector privado es de apenas $ 9.736, y en el caso del conjunto de los ocupados el promedio de ingresos se reduce a $ 6.464 mensuales. Ello contrasta con el valor de una canasta básica de bienes y servicios que, para una familia de cuatro integrantes, fue calculada por la Junta Interna de ATE – INDEC en la suma de $ 12.228 para el mes de enero de 2015. En otras palabras, el 90% de los ocupados posee ingresos, provenientes de su ocupación principal, insuficientes para acceder a dicha canasta, y si se considera el ingreso de los hogares, esta proporción desciende al 65% (o sea, sólo el 35% de los hogares cuenta con ingresos superiores al costo de una canasta básica).

Una derivación de esta situación es el bastardeo al Salario Mínimo, Vital y Móvil, que en los últimos años ha sido actualizado muy por debajo de la inflación, y por ende hoy corre el riesgo de transformarse en una variable con influencias nulas sobre los niveles salariales de los trabajadores. En la actualidad, el SMVM no cubre ni siquiera la mitad del costo de la canasta básica familiar.

Paralelamente a este deterioro salarial, el Gobierno Nacional ha decido afectar aún más los niveles salariales de los trabajadores registrados a través de dos mecanismos. Por un lado, mediante una presión creciente del impuesto a las ganancias (cuarta categoría) sobre los trabajadores registrados de ingresos altos y medios-altos; por el otro, mediante la licuación de los valores de las asignaciones familiares, afectando de esta manera a los trabajadores registrados de ingresos medios y bajos.

La contracara del deterioro salarial de los trabajadores ha sido un crecimiento constante de las ganancias patronales, que han enfrentado los reclamos sindicales no solo con aumentos sostenidos de los precios, sino también con un aumento de los despidos y suspensiones. El avance sobre los puestos de trabajo se ha profundizado este último año, y en algunos casos se ha llevado adelante con la complicidad estatal y, lamentablemente, de algunas organizaciones sindicales. El llamado “efecto goteo” (es decir, pequeños despidos y suspensiones que se expanden en múltiples empresas y actividades) afecta no sorpresivamente a aquellos trabajadores que en los últimos años se han transformado en referentes de las luchas y de los procesos organizativos en los lugares de trabajo. En otras palabras, la crisis suele ser utilizada por los empleadores como excusa para desarticular las experiencias de organización colectiva que desarrollan los trabajadores.

Aún a pesar de esta avanzada del capital en sus diversas formas (empleadores, Estado), los trabajadores seguimos resistiendo. Prueba de ello es el nivel de conflictividad del año 2014 (el más alto de los últimos años) y, más aún, la contundencia de la huelga general del 31 de marzo. En tal sentido, las próximas semanas serán claves para intentar capitalizar colectivamente los efectos de dicha acción y recomponer los niveles salariales, y también para fortalecer la capacidad de acción sindical para garantizar que los costos de la crisis no sean descargados sobre el conjunto de los trabajadores.

 

Ver informe en: www.agenciacta.org/IMG/pdf/informe_anual_2014_completo.pdf

Fuente: agenciaacta.org

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