Nancy murió en una escuela ubicada dentro de una estancia privada, en un establecimiento que, según lo denunciado, carecía de elementos básicos de seguridad y bienestar, en medio de la inmensidad del campo argentino. Una realidad que expone el abandono y la desigualdad que atraviesan a tantas comunidades rurales.
Los hijos y las hijas de los trabajadores rurales tienen los mismos derechos que cualquier otro niño o niña de nuestra Patria. Sin embargo, para muchos de ellos, acceder a una educación digna, segura y de calidad sigue siendo una deuda histórica.
No podemos naturalizar que el lugar de nacimiento, la condición social o la pertenencia a una familia trabajadora determinen las oportunidades de nuestros pibes y pibas. Tampoco podemos desentendernos de las responsabilidades que les corresponden al Estado y a quienes tienen obligaciones sobre las condiciones en las que funcionan estos establecimientos educativos.
Desde nuestra Federación de Trabajadores Agrarios, alzamos la voz para exigir justicia por Nancy, para que se esclarezcan las responsabilidades y para que ninguna otra familia tenga que atravesar semejante tragedia.
Porque la vida, la educación y la dignidad de nuestros pibes y pibas no pueden depender de dónde les tocó nacer ni de la voluntad de las patronales.
¡JUSTICIA POR NANCY!
¡NANCY, NUNCA MÁS!
¡Educación pública, gratuita, segura y de calidad para todos los hijos y todas las hijas de los trabajadores rurales!
La Patria también se construye garantizando derechos en cada rincón de nuestro campo argentino.