«El 25 vino asomando con aires de rebelión popular»

Desde ayer a la mañana las marchas en cientos de lugares de nuestro país, mostraban la angustia, bronca y también decisión de protagonizar profundamente el acontecimiento político más nacional y que es la concreción de un Paro Nacional.

Solo comparable por lo masivo y nacional a las elecciones presidenciales, a las grandes manifestaciones de la recuperación de la memoria los 24 de marzo o cuando está en peligro la exigencia de Memoria Verdad y justicia, los días de silencio durante la desaparición de Santiago Maldonado o el 2 x 1 a los genocidas.

Ya está tomando vuelo lo que es un nuevo amanecer que se expresó contundentemente al grito de “Ni una menos” y el movimiento de mujeres reclama y logra hacer visible a fuerza de la movilización nacional sus reclamos.

Un paro de esta magnitud a nivel nacional nos acerca a la definición de ser clase pero a su vez Patria.
Quizás el más parecido a nosotros es nuestro hermano pueblo Uruguayo, que también planifica y ejecuta profundamente una herramienta de tal fortaleza.

Los escribas dicen “paran” los colectivos, los aviones, los trenes, los hospitales, las escuelas, etc. etc., ocultando que hay hombres y mujeres que deciden que no funcionen y que son los responsables de que lo hagan todos los días aunque el reconocimiento en sus derechos sea cada vez mas recortado e injusto.

Pero es preferible no reconocer esto, sino, tendrían que hablar de las causas que lo generan y no sobrevolar desinformando la realidad y menoscabando su poder. Lo que lo provoca es la injusticia. Su existenque existencia en toda nuestra América Latina, y sin embargo no todos los pueblos usamos de la misma manera esta herramienta.

También entonces tiene que ver con nuestra cultura, con sentirnos hermanados (aun) y orgullosos (aun) como trabajadores que sabemos que si no estamos recibiendo lo que nos merecemos por ser productores de la riqueza de nuestra patria es porque nos están esquilmando.

Sentimos, convencidos que si existe el hambre en un país donde se produce el alimento para cientos de millones de personas es porque está planificado y se transforma innegablemente un crimen cotidiano. Y además aprendimos que solo la unidad esencial de nuestra clase construye no solo de resistencia, sino también de puede proyectar esperanza para resolver nuestros problemas.

El colectivo nos convoca, y no podemos faltar

Aún siendo clara la crisis de representantes sindicales, aún en el marco de una dirigencia enriquecida o fracturada por negocios o complicidades con el poder; sorprende y silencia a tantos la contundencia de una conciencia que hace que millones de trabajadores y trabajadoras protagonicen esta jornada histórica de protesta

El mismo día que el presidente hablará ante el mundo representado en la ONU.
Vergüenza debería darle el hacerlo; ya que queda claro que no lo hace en nombre de nuestro pueblo.
Lo hará en nombre de sus amigos que hacen negocios o de las transnacionales que nos saquean, o de los 114.000 millonarios en U$D, al que les baja sus impuestos, en la misma proporción que resolvería la pobreza en la argentina.

Si, podrá representarlos a ellos y a la casta política jurídica comunicacional empresarial o sindical que pacta la gobernabilidad para los ricos empobreciendo a la mayoría de nuestra gente.
Pero gracias a esta acción de Dignidad de millones y millones no lo hará en nombre nuestro que repudiamos su política de hambre y entrega nacional.

Gracias, gracias a mis compañeras y compañeros por seguir enseñándonos que el verdadero camino está en nuestra lucha y hermandad, y ojalá que nos retemple el ánimo, esa (su) fuerza para lograr no sólo repudiar lo que ocurre sino también, para, sin tomar atajos, construir una alternativa de esperanza que enamore vivir en nuestra Patria.

Quizá ese sentimiento y compromiso este más a tono con la actitud que manifiestan los millones de compatriotas a reclamar para sí el protagonismo que hoy nadie les regala y ejercen.
Allí radica nuestra fuerza. Esa fuerza que vuelve una y otra vez, y nos convoca a soñar como nuestros antepasados que alguna vez existirá una sociedad nueva donde existan una clase sola de mujeres y hombres: las y los que trabajen.

*Por Víctor De Gennaro, Fundador de la CTA, militante de los y las trajadoras y dirigente del Partido Nacional Unidad Popular

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