Escuelas Abiertas y Presencialidad: posicionamiento de SUTEBA Berazategui

Desde el Gremio Docente encuadrado dentro de la Agrupación Azul y Blanca, plantearon que “el debate incluye a docentes, estudiantes y familias, que son las destinatarias de esa educación presencial que es indispensable para niñas/os y jóvenes”, y que “no sólo por los aprendizajes de contenidos en sí mismos, sino por el significado socializante y comunitario que tiene la escuela en el crecimiento y la formación de los individuos acerca de la vida en sociedad. Lo principal es la presencialidad, entre otras cosas, para garantizar la Educación Sexual Integral luego de un año con más de 300 femicidios”, destacaron.

EL COMUNICADO COMPLETO

Está claro que los docentes ni fuimos responsables de la pandemia ni partícipes de la decisión del cierre de las escuelas. Tuvimos que aprender, junto a la comunidad, una nueva forma de enseñanza que nos alejó del modo habitual en que nos encontramos con los problemas, necesidades, angustias de cada estudiante. A la vez, nos exigió un esfuerzo muy grande para tratar de llegar a todas/os aunque a poco andar nos dimos cuenta que era imposible, producto del enorme crecimiento de la deserción con las consecuencias que ello arrastra. Y además no estuvieron a disposición de docentes ni de estudiantes los medios necesarios para lograrlo. Falta de conectividad, ausencia de recursos remotos, como Internet, computadoras, teléfonos adecuados, etc.

Eso nos produjo una nueva frustración. No l@s veíamos, a muchas@s casi no l@s conocíamos, pero teníamos que hacer todos los esfuerzos posibles para llegar hasta ell@s con el conocimiento. Y veíamos con dolor cuántos se perdían en el camino.

La otra consecuencia grave de la pandemia es que muchas familias, que ya venían muy complicadas de cuatro años de Macrismo, perdieron sus trabajos, con lo cual fueron cayendo abruptamente en una situación de indefensión porque conocieron el hambre, desolador y devastador. Se agravó severamente la crisis social, sanitaria, económica y educativa. Semana tras semana, cada vez más familias tuvieron que acercarse a las escuelas a recibir bolsones de alimentos, donde los hubo, donde alcanzaban y donde no, por ello desplegamos la solidaridad como pudimos, porque entendimos que con hambre y con frío es más difícil aprender. Mantuvimos sobre nuestras espaldas la escuela abierta. El reconocimiento de la comunidad educativa fue un gran estímulo para una tarea que cada vez resultaba más insuficiente.

Por eso desde la agrupación docente Azul y Blanca peleamos en cada provincia, distrito, localidad, pueblo, para que las escuelas estuvieran abiertas para cocinar. Lo planteamos ante las autoridades pertinentes, e incluso en nuestros sindicatos. Primó, en cada instancia, la idea de que “lo único” que podíamos hacer, era quedarnos en casa mientras nosotras/os fomentamos y militamos el protagonismo del conjunto.

Queda claro que no encontramos el modo de poner en el centro el objetivo de mantener la escuela ligada a la comunidad y a sus familias… Cuentan quienes trabajan en Centros de Salud lo bueno que fue donde se logró organizar los comités de crisis con la presencia de la escuela en el barrio, la localidad, el pueblo, ejemplo de organización popular. La escuela pública tiene larga historia en ser el centro de la respuesta a las necesidades de estudiantes y familias.

Pasó todo un año en estas condiciones. Cuando parecía que el fantasma de la pandemia se alejaba porque empezaban a bajar los casos y se acercaba la vacuna, empezó el rebrote y los infectados crecieron exponencialmente.

En medio de esta nueva situación, se vuelve a poner en el centro la discusión sobre la presencialidad en las escuelas.

Sabemos y defendemos que la escuela es irreemplazable. Que docentes, auxiliares, estudiantes y comunidad educativa forman una unidad que nos define, nos da sentido, nos fortalece, nos ayuda a entender el mundo y nos da las herramientas para querer transformarlo.

El presupuesto para la educación argentina es insuficiente y se refleja en el estado de numerosas escuelas públicas, en su infraestructura, la desjeraquización de los salarios, las desigualdades entre provincias y regiones. Cuánto más en medio de una terrible pandemia,

En primer lugar, tiene que ser clara la defensa del Estado de la educación pública. La educación no puede estar fraccionada en 24 jurisdicciones. Es un problema nacional. Se deben unificar las decisiones, centralizar la política educativa, incrementar el presupuesto para que tengan las escuelas de La Quiaca a Tierra del Fuego las mismas posibilidades, la mejor infraestructura, las líneas directrices de los conocimientos básicos y esenciales para estudiantes del siglo 21, las capacitaciones gratuitas y en horario de trabajo para docentes, la provisión de alimentos necesaria para que todos/as puedan comer en la escuela y el nombramiento de todo el personal necesario para cubrir los cargos faltantes y las licencias del personal de riesgo.

Garantizar que todas las escuelas tengan agua, sanitarios adecuados, elementos de higiene, ventilación adecuada, alcohol, barbijos: la protección necesaria para alumnos, docentes y auxiliares.

L@s docentes somos l@s primer@s en querer volver a la escuela presencial. El 2020 fue un largo año de trabajo a todas horas, sábados y domingos, sin horarios, sin cortes, con la preocupación constante por no tener certeza a cuántas/os llegamos ni de qué manera.

Por eso pensamos que las escuelas deben tener actividades presenciales en otras condiciones, con garantías, con docentes y auxiliares con sueldos dignos, con la comida garantizada diariamente para los alumnos/as, con una política educativa clara de defensa de la escuela pública, que fije un piso de igualdad en todas las escuelas del país. Es imperioso solucionar el conflicto por atraso en el pago de sueldos y medios aguinaldos de la docencia y las/os estatales chubutenses que es previo a la pandemia, y ante la indiferencia y cinismo del gobernador Arcioni debe resolver la situación el gobierno nacional sin titubeos y en forma urgente.

No son los trabajadores y el pueblo los que deban cargar con el costo de la crisis mientras los saqueadores de las riquezas de nuestra patria y del trabajo de nuestro pueblo sigan enriqueciéndose y llevándosela en pala.

Creemos que en la condición actual se está dando un falso debate en torno a la apertura o no de las escuelas. El verdadero debate es cuánto y qué hay que hacer para abrir las escuelas a la presencialidad preservando las condiciones de salud y educación que se merecen nuestros/as niños y jóvenes y que merecemos también docentes, auxiliares y familias que fuimos garantes durante todo el 2020 que la educación pública siguiera de pie. Por ello, el objetivo es la mayor unidad entre la docencia y la comunidad educativa para defender la escuela pública.

Repudiamos las expresiones de aquellos políticos que denigraron a la escuela pública durante sus mandatos y la devastaron desde todos los ángulos tanto a los docentes como a los alumnos y sus familias, que habían “caído en la escuela pública”, ni hablar de las universidades nacionales ni de los científicos del Conicet, y mucho menos del abandono de la salud pública totalmente desmantelados por las medidas de ajuste aplicadas en los cuatro años de su gobierno. Cuánto cinismo y qué notable odio de clase demuestran con su campaña de negacionismo de la pandemia mundial que ha ocasionado casi 100 millones de infectados y más de 2 millones de muertos.

Exigimos la vacunación inmediata de la docencia, en todos sus niveles obligatorios, así como de auxiliares y colaboradores administrativos de los mismos. Entendemos necesario que sea previo a la apertura de la presencialidad. Al mismo tiempo requerir la participación de la docencia en la elaboración de las medidas y protocolos necesarios.

Lo decimos desde la experiencia de esta situación inédita que nos atraviesa y nos impide ser protagonistas del lugar de nuestras vidas que más conocemos y nos gusta: desarrollar el hermoso y complejo proceso de enseñar y aprender con nuestras/os alumnas/os en las aulas.

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