Pilar: al ritmo de la solidaridad, se expande la CTAA Bonaerense

El fuego nos junta. Desde tiempos inmemoriales. Para compartir una charla, para calentarnos, para alimentarnos, para expresar lo que se sentimos, para reír. Para soñar. Los seres humanos, siempre buscamos el fuego para juntarnos.

Y hay un fuego que no tiene aroma a leña o que no exhibe humo, pero que igual atrae irresistiblemente, convoca. Es el Fuego Militante.

Mirta Blanco y Joni Barraza (militantes de la CTAA Pilar) y Germán Guaima de la ONG «Todos Unidos por la Comunidad», avivan la llama de un fuego que comenzó a expandirse por diferentes comedores y merenderos de en barrios de Pilar.

“El Rinconcito de los Niños” del Barrio Salas, “La Familia” de Barrio Rivera Villate, “El Rinconcito de Luz” del Barrio Río Luján, “Arco Iris” del Barrio Las Lilas y “La Familia” de Villa Astolfi, son algunos de los comedores, merenderos (de ahora en adelante, “fueguitos”) que mediante el trabajo de integración y articulación que desarrollan los compañeros  de la CTAA Pilar – Exaltación de la Cruz Daniel Llames (Secretario General) y Sergio Denegri (Secretario Gremial), comienzan a confluir en una sola llama.

Pablo Centurión, Secretario de Organización de la CTAA Bonaerense que fue en representación de la Mesa Provincial, dijo que “en las recorridas que venimos haciendo por la Buenos Aires profunda, no paramos de contar familias de clase trabajadora que hacen colas para acceder a un plato de comida. Y la verdad que no nos entra en la cabeza que proporcionalmente, estas familias contribuyan más al estado nacional que las 12 mil familias que tienen un patrimonio superior a 200 millones de pesos, y que se niegan a pagar por única vez un impuesto extraordinario que representa sólo el 2% de su patrimonio”.

En ese sentido, planteó que “desde la CTAA luchamos porque el impuesto a las grandes fortunas sea permanente, y el gobierno debe instrumentarlo lo antes posible”.

Después de la asamblea barrial, en torno a la olla lxs compañerxs comparten un plato de guiso caliente. Y mientras desde la comodidad de la abundancia un conductor televisivo dice que “el problema de la pobreza en la Argentina es cultural”, en las barriadas se escuchan pibas y pibes que comparten pan, jugo y risas sentados al rededor de una mesa. Libres, al aire libre.

En la virtualidad de las pantallas, sólo hay palabras huecas y miradas frías.

En la realidad de los barrios, está la clave para el cambio cultural necesario, pero que debe provenir de los que más tienen. Sólo basta detenerse en la mirada de nuestras niñas y niños.

En sus ojos…está la chispita.

 

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