Voto-castigo y castigo al voto: terrorismo económico

Las acciones concatenadas demarcan una resolución perversa. Tras los resultados adversos de las elecciones primarias el agrupamiento político en el gobierno dice “reaccionaron los mercados”.

El resultado de las elecciones primarias es vivido por la aristocracia financiera como una desobediencia. El instrumento elegido es el terrorismo económico como modo de castigo a la desobediencia civil en las urnas.

Por Matías Feito, Secretario de Formación CTAA Reg La Plata – Ensenada

¿El fin del poder? El Partido del Orden

Un punto de escucha entre los discursos políticos e ideológicos que atraviesan el cono sur, de país en país, las discusiones se superponen, se amontonan las caracterizaciones desgastadas de un período anterior: “volvimos a los 90s”, “es igual a la dictadura militar” o “neoliberalismo” resuenan entre la agitación y la denuncia a un proceso político que se impone en varios países. Tomemos en cuenta que al repetir las caracterizaciones políticas se corre el riesgo de un automatismo en la respuesta con las mismas tácticas e instrumentos de protesta o lucha.

Nuestra sugerencia para caracterizar los grados de alineamientos de las fracciones financieras en el ámbito político trata de ir señalando la construcción de un partido del orden. Las distintas fracciones del capital financiero que hegemoniza en cada país está relacionado a la historia y a las específicas confrontaciones que la constituyeron. Podemos ubicar entre fines de la década del 70 y principio de la década del 80 este reacomodamiento fundamental en la región.

El espectro de dominio deriva en formas institucionales, políticas y sociales, que responden a su avance. Bajo esas condiciones económicas y determinadas circunstancias derivada del desarrollo de la lucha entre fracciones burguesas emerge de este proceso la constitución de una capa social que se encuentra hermanada internacionalmente en relación a los negocios especulativos y financieros: la Aristocracia Financiera.

Una de sus implicancias sociales se expresa en el papel de las relaciones capitalistas propias de una fase de descomposición que pone de manifiesto el carácter específicamente rentista y parasitario de este grupo social. Se ha apropiado del Estado impidiendo (con avances y retrocesos) el restablecimiento de la lucha política, dado que los partidos políticos orgánicos no expresan las aspiraciones del pueblo. Su alianza social enlaza dos personificaciones sociales que se diferencian de otras alianzas: 1) los funcionarios del capital desde el interior del estado se proyectan y relacionan con el capital externo, y 2) la pequeña burguesía institucionalista que funciona como base de maniobra.

De allí que el ciclo pueda alternar una disputa entre “pelotones” de fracciones del capital financiero según el territorio económico. La aporía entre fracciones financieras, como contradicción que se anula a sí misma, puede colaborar en los análisis de coyuntura, pero es sólo ante la emergencia, la existencia de una fuerza del campo del pueblo con una meta de liberación nacional y social cuando estas luchas de “arriba” toman aspecto de contradicciones internas al sistema aprovechadas desde “abajo”.

Un modo de salir de un momento contrarrevolucionario desde la perspectiva de las luchas del campo del pueblo es señalar los grados de fractura de los de “arriba” e ir asumiendo una iniciativa propia en las contradicciones internas del sistema.

De la democracia del capital privado a las luchas democráticas

Los señuelos en la coyuntura no nos permiten percibir la línea de fragilidad en la acumulación del gobierno del Estado y su alianza social.

Entre un pantano y otro de las luchas políticas y sociales nos movemos bajo una bandera ajena, una iniciativa que nos limita la acción. Estas acciones que mientras más aceleramos, más nos marginan ¿Sólo una oleada que suba velozmente puede sacarnos de allí?

La direccionalidad de la acumulación encuentra “enemigos internos” mientras las llamadas “tormentas” o “turbulencias” financieras que a lo largo de estos cuatro años de gobierno decían frenarlas, no se detuvieron, más bien siguieron una ley de acumulación direccionada por la estructura económico-social que no supimos conseguir y menos aún visualizar la capa social que hegemoniza.

La pregunta “¿hasta cuándo?” desde una lógica bursátil responde “hasta que estalle”. La victoria puede no ser del “macrismo” sino de aquella fracción social que la desencadenó.

Aquellos movimientos de protesta social que suben y bajan velozmente, por oleadas, radican en la composición de la masa y sus estados de ánimo. El momento final de avanzada de la ola coincide con el arrastre inequívoco de la vuelta al mar de las fuerzas sociales en formación (sin escala al refugio de las luchas económico-gremiales).

El tiempo social no cuenta con la unidad ‘segundo’ ni “minuto”, solo cuenta con las estrategias en acción (las que realmente suceden) incrustadas en un territorio social. Estamos en un tiempo donde se entrecruzan varias coyunturas en simultáneo y es fundamental articularlas para no terminar siendo “seguidores” de las iniciativas ajenas. Toda la atención de los agrupamientos políticos que se entusiasman hasta el romanticismo, parecen apuntar a las tareas de agitación en desequilibrio de las tareas de propaganda. Es tiempo de un re-arme intelectual, político y moral.

Las puertas de la reacción, los elementos de la reacción que no sabemos desarmar intelectual, política y moralmente se vuelven contragolpes certeros.

Terror económico

El operador terror es usado desde medios económicos a cielo abierto al mostrar el filo cortante sobre nuestro tiempo de trabajo, salarios o los últimos cachitos de salud mental en algunas pocas horas de corrida cambiaria muestran el efecto amoral cotidiano sin consecuencias (impunidad) para los grupos dominantes.

El miedo a la pobreza es un muestrario de los modos de tortura contemporánea a la población sin la más mínima teatralidad de los golpes de mano o cambios de funcionarios. La capacidad de reacción parece mostrar los equilibrios inestables que a simple vista visualizamos en un doble poder entre “poder financiero” y “poder estatal”.

La aristocracia financiera que desencadenó al macrismo, realiza sus beneficios más allá de mantener ese agrupamiento político en pie, ya sólo le “importan-exportan” los pactos, las deudas y corridas hasta el horizonte de una “reestructuración” tan temida.

¿Qué hacer? No dejar clavar el “aguijón” de la orden, sacarse cada “aguijón” de castigo como algo “natural” a una desobediencia o voto opositor. No dejarse votar por él.

 

 

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