“La Teoría Marxista Hoy”, para leer y repensar los clásicos ahora (Parte 2).

Atilio-Boron2-300x207Atilio Borón, coordinó el libro que analiza las críticas y los debates del materialismo dialéctico en la actualidad, en el que escriben algunos de los más destacados pensadores marxistas. En momentos en que la región latinoamericana batalla hacia una salida por izquierda o una restauración conservadora, reactualizamos el debate charlando con el autor.

Las mujeres primero

– Otro de los puntos de partida del libro es que el sujeto revolucionario se va a construir no solo por la clase trabajadora, sino por movimientos sociales diversos, cada uno con sus particularidades, que van a potenciar la clase. En el caso de las mujeres, reconoce que hay que advertir las relaciones de género, como una relación de producción hacia el interior y el exterior.

– Lo que hacemos es recoger la problemática de lxs investigadorxs del feminismo, porque la mujer en la sociedad capitalista está sometida a un doble sistema de explotación, al trabajo fuera de la casa y al trabajo impago en la casa. Entonces, en cierto sentido se puede decir que la presión que el capitalismo impone sobre la mujer es mayor que el que se impone sobre los hombres a través de eso que se llama la doble jornada. Otro punto a considerar es que cualquier teorización sobre la sublevación de los sujetos reprimidos tiene que incluir a la mujer, algo que en el marxismo clásico de mediados del siglo XIX, no era tomado en cuenta porque esa problemática apenas había sido esbozada por algunas autoras y autores. No es que no lo hubiera, porque inclusive en La familia, la propiedad privada y el estado, de Engels, hay algunos esbozos que atacan este problema; pero fue luego de la segunda mitad del siglo XX, cuando se desarrolló un pensamiento emancipatorio, donde la mujer articulase con las luchas del socialismo.

 

Los primeros hombres y mujeres

– El libro describe categorías como neocolonialismo y racismo para considerarlos dentro del análisis marxista, pero no menciona el concepto de pueblos originarios. Otra de las autoras del libro, la brasileña Marilena Chaui, afirma que el capitalismo es la falta de identidad y que el capitalismo desaparece cuando aparece la identidad. Teniendo en cuenta esa idea,es necesario revalorizar los pueblos originarios y la cultura indígena en la identidad nacional, que históricamente fue negada por la historia oficial.

En ese rumbo, fue demostrado mediante una investigación científica que analizó el ADN de la población, que más de la mitad de lxs argentinxs tienen ascendencia indígena (56%). Además, se sabe que como nación tenemos innumerables prácticas que provienen de los originarios y que en el habla popular nos identificamos con palabras indígenas de muchísima importancia, como Che, Cancha, y Morocha. Incluso se sabe del  origen indígena de Perón, Irigoyen y San Martín, y que pese a que se reivindicaban descendientes de indios, la  historia oficialista ocultó estos aspectos. Estos son algunos de los ejemplos de la invisibilización de los pueblos originarios en la identidad nacional, y que en el fondo se basa en la negación de lo nativo, y la pretensión de que somos más europeos que latinoamericanos.

En ese contexto ¿es necesario involucrar a los pueblos originarios en el proceso revolucionario en Argentina para redescrubrir la identidad nacional; y que desaparezca el capitalismo, como lo dice la profesora Marinela Maui?

– Definitivamente,  un proyecto genuinamente revolucionario tiene que convocar a todo el pueblo, no puede ser un proyecto donde solo está involucrada una minoría del campo popular, no pueden ser solo los sectores obreros, ni solo los sectores campesinos. Tienen que ser obreros, campesinos, pueblos originarios, mujeres y minorías de diversos tipos, que según Fidel constituye el pueblo, que es un enorme y abigarrado conjunto de personas cuyo denominador común es vivir bajo un régimen de opresión y explotación.

Por ejemplo, los originarios fueron invisibilizados en toda América Latina, y donde no fueron exterminados reaparecieron después bajo formas muy novedosas como el zapatismo que es una prueba de eso; como también está pasando en el amazonas brasileño, donde indígenas están peleando con arcos y flechas para enfrentar a la policía. Eso es una prueba de que el actor social está ahí, y es muy importante, y que el neocolonialismo lo que hizo fue proclamar la independencia de España y de Portugal pero al mismo tiempo mantener el colonialismo interno como dice el gran sociólogo mejicano Pablo González Casanova.

Por eso, Evo Morales insiste tanto en que el estado de Bolivia es plurinacional, porque reconoce la multiplicidad de etnias nacionales que conforman a la gran nación boliviana, que es una Confederación de etnias; y al mismo tiempo se trabaja por la descolonización del funcionamiento de la vida cotidiana y las instituciones y de los aparatos estatales, para que estén privados de ese sesgo racista que viene desde la época de la colonia.

¿Estos ejemplos son de otros países de América Latina, pero en Argentina cuesta identificar a  los pueblos originarios con la identidad nacional?

Yo te diría que en general en América Latina los pueblos originarios han tenido largos periodos de lucha, pero recién aparecen con fuerza en la vida pública en los últimos 10 o 15 años.  Es un fenómeno del siglo XXI. Por favor que no se vaya a entender que antes no estaban o no luchaban, pero sí hay que reconocer un auge y una visibilización, por lo que hoy en día ya no se los puede ocultar más . Hasta el siglo pasado, y durante los años del menemato se los ocultaban, estaban luchando y resistían, porque una de las primeras resistencias a la megaminería fue la de ellos en la época de Menem, pero no eran visibles. Hoy en día han adquirido una extraordinaria visibilizad y ese es el primer paso para el reconocimiento de sus derechos.libro-la-teoria-marxista-hoy-born-206x300

 

Por dónde empezar

– Uno de los conceptos más importantes del libro es el de Dialéctica Negativa, método de análisis que según los autores se debe utilizar al momento de observar un hecho social, para luego realizar una acción trasnformadora de la realidad. Este método elaborado por Althusser y la escuela de Frankfurt, y reelaborado por otros pensadores como Sartre, se mete en la histórica discusión de si la acción política debe privilegiar lo particular o lo universal, lo concreto o lo abstracto, lo territorial o lo general. Para resumirlo en extremo, la Dialéctica Negativa considera que todo análisis para la acción política debe partir de la totalidad, de lo general del problema y sus complejidades, para luego ir avanzando hacía el territorio, hacia el conflicto en particular y el problema concreto. Pero luego, debe realizarse otro análisis en sentido contrario, donde se observe el conflicto desde los particular a lo universal, de lo concreto a hacia la totalidad. Y por último, debe pensarse la acción política consecuente, para llevarla a la práctica con el objetivo de transformar la realidad.

– Este es un enfoque que debe poner a contraluz todas las verdades establecidas y subrayar la contradicción que subyace bajo la aparente estabilidad y aparente coherencia en el comportamiento de los actores sociales. Yo creo que esto es fundamental, una actitud de sospecha, de vigilancia permanente; y a partir de ahí vos podés decir; está bien o no, avanzar en esta dirección como estrategia política.

-¿Qué preguntas fundamentales hay que hacerse para pensar desde la dialéctica negativa en la actualidad?

– Hay que preguntarse cuál es el nivel de conciencia posible que tiene hoy la clase obrera y los sectores populares en un país como la Argentina.  Esta pregunta se la hacía Fidel repetidamente, cuando estaba en Sierra Maestra, ¿Hasta dónde el pueblo nos va a acompañar en un proyecto que se orienta a la construcción del Socialismo? ¿Realmente tiene conciencia de eso, realmente está dispuesto a luchar por eso? ¿O tal vez estamos exigiéndole más de lo que esos sectores están en condiciones de darnos ahora? Esa es una pregunta también válida para hoy.  ¿Tenemos en la Argentina, un conglomerado popular que está dispuesto a luchar por el socialismo, o lo que quiere son algunas reformas importantes pero dentro del capitalismo. Yo creo que a veces lo que pasa en muchas formaciones de izquierda, es asumir como punto de partida, que las condiciones subjetivas para la revolución ya están dadas.  Ante esto digo que es mejor hacerse esa pregunta y tratar de ser muy riguroso al responderla.

Personalmente, creo que no están dadas las condiciones, y puedo equivocarme, por eso también digo que si bien no están dadas las condiciones hay que tener en cuenta la crisis económica, política y social, muy profunda. Y si esta crisis llega a manifestarse fuertemente en la Argentina, la mentalidad de los sectores subalternos puede cambiar en muy poco tiempo. Porque como decía Lenin en épocas de crisis, las clases populares aprenden mucho más que en cien años de tranquilidad.

 

La Clase adelante

– Si consideramos que en la actualidad, la sociedad Argentina no tiene conciencia para dirigirse hacia el socialismo, habría que plantearse qué herramientas políticas se le da al sujeto pueblo para que pretenda un poco más que reformas en el capitalismo. Porque como también dice Fidel, las condiciones subjetivas se construyen. Este grado de conciencia también obedece al grado de fragmentación de la Izquierda, del campo popular, e incluso de las centrales sindicales, por eso también habría que preguntarse qué instrumentos políticos pueden construir los movimientos sociales para que el pueblo quiera avanzar más allá.

Si pensamos en la clase trabajadora organizada como protagonista del movimiento social, Argentina es uno de los países con más alto nivel de sindicalización de América Latina, que incluso es alto en relación a los “países desarrollados”. Sin embargo, algunos teóricos suelen asegurar que la clase trabajadora organizada no tendrá protagonismo en un proceso político de liberación, argumentando que la mayoría de los trabajadores del país no están sindicalizados, y que el sindicato ya no tiene la importancia que tenía antes como organizador político. En ese debate también se mete el libro, y uno de los puntos más destacados al respecto lo aporta el profesor de la Universidad de Oxford, Terry Eagleton, quien aclara que la clase trabajadora no debe ser mayoría para ser revolucionaria. De hecho, la clase trabajadora no era mayoría en los países donde vencieron las revoluciones, como en Cuba, la U.R.S.S., China, y Vietnam.

– La clase obrera no es mayoritaria en muchos países de América Latina, lo que pasa es que tiene una condición de clase potencialmente revolucionaria como decía Marx, o sea que en determinada coyuntura puede asumir la vanguardia de la revolución y eso no depende del número sino de la forma de cómo está insertada en el proceso de producción. En segundo lugar, habría que plantear que a pesar de que puede no ser mayoritaria sí tiene una responsabilidad muy grande porque es la que tiene condiciones objetivas para desarrollar las formas de organización más avanzadas para luchar por el socialismo. Estas cosas hay que tener en cuenta, y tienen relación con el comentario de Terry Eagleaton. Ya Mariátegui mismo decía que en el Perú el campesinado indígena con sus organizaciones tradicionales no podía preanunciar las formas de cómo se organizaría la nueva sociedad. Él decía que ellos pueden luchar y construir un mundo nuevo, pero eso va a surgir como una serie de articulaciones entre proyectos ideológicos distintos. Y no puede pensarse como la instalación del socialismo incaico en la nueva sociedad.

– Dada la división de las centrales sindicales que aporta a la división del campo popular, ¿Qué actitud debería tener la clase obrera?

-Debería ser la dirigente del proceso pero sin que eso signifique prerrogativa alguna, es la que tiene la mayor responsabilidad, la mayor capacidad para imaginar formas novedosas, y tratar de trazar el rumbo por donde debería ir el proceso. Nada más que eso, pero es una función importantísima; no es ningún paternalismo el que estoy proponiendo. Pero además, hoy hay que hacer otra aclaración de que cuando hablamos de clase no es lo mismo que en la época de Marx y Engels; cuando uno habla de clase obrera está hablando del enorme universo de asalariados que abarca cerca de la mitad del planeta tierra. En ese sentido, el triunfo del capitalismo ha hecho que se proletarizara o que entrara en relación de dependencia salarial la enorme mayoría de la población mundial. Entonces hay que tener en cuenta la enorme heterogeneidad de lo que hoy se llama clase obrera, a diferencia de lo que antes era la clase industrial con el obrero con el mameluco azul, que aún se ve en la iconografía argentina cuando se habla del 45´.  Hoy tenemos una clase que en algunos sectores está formada por sujetos con educación universitaria ¿O los que trabajan en las plantas de ensamblajes de automóviles no son obreros? Son obreros altamente calificados, pero están ahí en una relación salarial de subordinación, subsumidos a las órdenes del capital.

Por eso la bancarrota en el modelo de organización de la clase obrera que hace 50 años era el sindicato, que hoy en día tiene que buscar nuevos mecanismos de carácter organizativo porque los actuales no sirven.

– Mencionabas las crisis, y el libro conceptualiza a la crisis como el límite, lo que hace finito al capitalismo. Pero es el sujeto social el que puede poner ese límite, la humanidad organizada. Crisis puede haber eternamente y así el capitalismo reciclarse, sino hay un sujeto social que cambie de sistema de organización social.

-Sí, el capitalismo no va a caer por las crisis sino por la construcción de una fuerza social que lo debe cercar, y ahí, hay que leer a Lenin, Marx, Engel y Gramsci. En ausencia de un sujeto revolucionario, el capitalismo puede vivir indefinidamente. Aún destruyendo la naturaleza, el planeta puede seguirse consumiendo pero el capitalismo no va a terminar porque sí.

Lo que pasa también es que las crisis son cada vez peores, por eso el capitalismo puede seguir, o puede destruirse con el hundimiento del planeta. Pero no va a caer sino hay quien lo haga caer.

 

 

 

 

 

 

Por Darío Giavedoni.

 

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