El médico de los abusos y los silencios

LOGO 3El Foro por los Derechos de la Niñez y la Juventud denunció penalmente a Julio César Brolese, que como perito en un juicio por presunto abuso sexual de dos nenas admitió haber recomendado a víctimas de estos delitos quedarse calladas. Es el mismo médico que en la última dictadura firmó certificados de defunción de jóvenes que ingresaron a la morgue policial de La Plata con la cabeza destrozada por un balazo y se registraron como NN.

—No hay lugar —dijo el policía. Fuera de la sala donde se está juzgando a un hombre por el abuso sexual de sus hijas cuando tenían 3 y 5 años, intentaba contener a unas 16 personas que pugnaban por entrar. Intentó explicarles que sólo quedaba lugar para los familiares de las víctimas y estallaron.

—¡¿Quién es la víctima acá?! —lo increparon—.
—¡¡¡Acá no hay víctimas!!! Y si hay… no son las que dicen —agregó alguien—.
—¡¿Qué?! ¿Ya lo condenaron? —se sumaron otros.

En cuestión de minutos arrojaron una catarata de insultos y quejas, cuestionaron lo que las nenas declararon en la Justicia y dijeron que la madre era “loca” por hacer la denuncia. Acusado por abuso sexual infantil agravado por el vínculo, el hombre al que estaban defendiendo consiguió en 2011 que el juez de Garantías nº 4 de La Plata, Juan Pablo Masi, le otorgara el beneficio de arresto domiciliario con el uso de una pulsera, y llegó en libertad a este juicio. Ahora, sus abogados y los peritos que contrató apuntan contra las nenas, su madre y la abuela materna.

Como contó OTROS CÍRCULOS, en estas causas la mirada inquisidora suele posarse sobre las víctimas. En este caso, en 2010, cuando la madre de las nenas hizo la denuncia, la más grande tenía 5 años. Asistida por una psicóloga, contó en Cámara Gesell lo que les hacía su padre. En el juicio, la perito que habló con ella entonces fue clara: “Nada de lo que dijo lo podría haber repetido o inventado”, recordó el abogado Marcelo Ponce Núñez,que asiste a las víctimas y a su madre.

Más cerca del escándalo que de un desempeño profesional, el pasado 13 de marzo, durante el debate oral, el médico Julio César Brolese, contratado por el acusado, afirmó que los minuciosos detalles que surgen de las niñas están vinculados con un “brote psicótico” de la madre. La acusó de revictimizarlas al hacer la denuncia y, como al pasar, recordó que cuando él se desempeñó en la Asesoría Pericial de la Justicia platense les aconsejaba a los padres de víctimas de abuso sexual cometido por sacerdotes que no denunciaran. Dijo que él mismo les advertía que “no iban a llegar a nada”.

Al conocerse estos dichos, la abogada del Foro por los Derechos de la Niñez y la Juventud de La Plata Gabriela Gómez presentó una denuncia contra el médico por incumplimiento de los deberes de funcionario público. “No sólo no cumplía con su deber como funcionario público de denunciar él mismo ante el conocimiento de hechos atroces contra niñas, niños y adolescentes, sino que además desalentaba la posible denuncia de la víctima o su progenitor”, explicó Gómez en el escrito que presentó la pasada semana en los tribunales platenses.

Una de las profesionales que acompañan en el juicio a la familia de las víctimas dijo a OTROS CÍRCULOS que Brolese “hasta donde sabemos, tiene formación como médico clínico y no está habilitado para hacer esos diagnósticos”. Pero la estrategia de la defensa es cuestionar las pruebas y para eso convocaron al médico que además tiene un pasado por el que aún no respondió ante la Justicia. Durante la última dictadura, Brolese trabajó como médico policial y en la morgue de La Plata firmó partidas de defunción por “pérdida de masa encefálica por herida de arma de fuego”, sin asentar quién era la víctima (como N.N.). Él mismo lo contó en los tribunales federales platenses en el Juicio por la Verdad.

El pasado del “Toro” Brolese

En noviembre de 1976, Brolese firmó los certificados de defunción de cuatro hombres jóvenes. “Destrucción de masa encefálica por herida de arma de fuego”, anotó como causas de muerte. Los cuerpos habían sido encontrados en la esquina de las calles 72 y 135 de La Plata y los anotó como “N.N.”. Era uno de los médicos más jóvenes y de los que “más salían” de la morgue policial para registrar la muerte. Así lo contó él mismo en el Juicio por la Verdad de La Plata, en marzo de 1999.

Cuando los jueces Antonio Pacilio, Carlos Alberto Nogueira y Leopoldo Schiffrin le preguntaron si recordaba a los fusilados dijo que no. Después le recordaron que el 19 de abril de 1977 certificó la muerte de otros dos N.N. masculinos que aparecieron enla calle 90 entre 3 y 4, con “hemorragias internas y externas por múltiples heridas de bala por proyectil de arma de fuego”. Dijo que tampoco los recordaba.

La memoria también le jugó una mala pasada cuando los magistrados le preguntaron por su firma en los certificados por la muerte de una chica y cuatro muchachos que en julio de 1977 aparecieron asesinados en la calle 30 y 41, de La Plata. Y directamente dijo que desconocía el barrio cuando le mencionaron que el 6 de septiembre de 1977 a las 7 apareció certificando dos defunciones, en la calle 1 y 135 de Villa España.

Solo mencionó que en una oportunidad constató lesiones de “corriente eléctrica en el corpiño y mamas en una mujer” y lo colocó en el informe. Pero después sus superiores lo modificaron y lo registraron como “picaduras de insectos”, dijo en esa declaración. Y dijo que una noche le tocó “levantar cuerpos en el camino a Magdalena, luego en Los Hornos y en El Dique”. “Eran cadáveres de personas jóvenes”, contó. Pero fue lo único que dijo, no dio nombres, ni reconoció haber firmado sus partidas de defunción.

Durante esa declaración, las explicaciones del médico fueron como un péndulo entre la “desprolijidad” en el registro de esas muertes y la lógica de la impunidad. Brolese afirmó que en tiempos de la dictadura los médicos de la morgue policial hacían guardias de 24 horas, y “si de pronto un médico hacía un reconocimiento de esta u otra naturaleza se asentaba en el libro y si dejaba la guardia entonces el certificado lo firmaba el médico que quedaba en su lugar”. Eso no cambió en 1979, cuando él fue jefe del cuerpo médico de La Plata, ni entre el ’78 y el momento en que asumió la jefatura e hicieron las autopsias en los hospitales porque la morgue policial estuvo cerrada.

Fuente: http://www.otroscirculos.com.ar/

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